Prólogo

Cuando llegué a las líneas de la Compañía C, en la cima de la colina, me detuve y miré hacia elcampamento, que empezaba a perfilarse claramente a mis pies bajo la neblina grisácea de la madrugada. Aquél era el día de la partida. Tres meses antes, cuando llegamos, el paraje estaba cubierto de nieve; ahora asomaban las primeras hojas de la primavera. Entonces me había dicho que, cualesquiera que fueran las escenas de desolación que nos esperasen, nunca presenciaría ninguna más brutal que aquel panorama, y ahora me decía que no conservaba un solo recuerdo feliz del lugar.
Aquí, en efecto, acabaron los amores entre el ejército y yo.
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