Ho celebrem amb textos de dos dels grans escriptors dels quals es commemora avui la data:

Garcilaso de la Vega:

SONETO XXXVIII

Estoy continuo en lágrimas bañado,
rompiendo el aire siempre con  sospiros;
y más me duele el no osar deciros
que he llegado por vos a tal  estado;

que viéndome do estoy, y lo que he andado
por el camino  estrecho de seguiros,
si me quiero tornar para huiros,
desmayo, viendo  atrás lo que he dejado;

y si quiero subir a la alta cumbre,
a cada  paso espántanme en la vía,
ejemplos tristes de los que han caído.

sobre todo, me falta ya la lumbre
de la esperanza, con que andar solía
por  la oscura región de vuestro olvido.

Manuel Mejía Vallejo

La casa de las dos palmas (fragmento)
El pueblo entero comentó la llegada de Efrén Herreros montado en su mula negra, lento el paso a la casa del maestro Bastidas. Sombrero de fieltro oscuro, cejas crespas bajo el ala, ojos pardos bajo las cejas. -No había vuelto desde su encuentro con el obispo. -Llevan dos horas hablando. -Algo debe pasar con La Zoraida.
Desde que Medardo Herreros la abandonara, Zoraida Vélez escandalizó a Balandú en lo que consideraron prostíbulo. Desafiadora y tímida su presencia, pelo ondulado sobre los hombros, pulsera en forma de serpiente, y en la mano una sombrilla nerviosa. -Mírenla. Vestidos y adornos que le regalara Medardo en su época de andanzas extraviadas, añadidos al perfume que unía la piel al deseo. Su pava de grandes alas y sus lentes de diseño desacostumbrado la señalaron más que su figura, siempre dio la sensación de que algo ocurriría en ella o junto a ella. Todavía joven, Paula Morales se atrevió a defenderla, transferida a la forastera en su exotismo aldeano. -Paula defendería al mismo Lucifer -comentaron dos mujeres, sus rostros casi pegados. En la soledad de su cuarto Zoraida lloró por el hombre y porque advertía más enceguecidos sus ojos mientras lloraba. Las gafas entonces fueron desafío al pueblo y a su mala racha, fueron una manera de no esconderse, escuchando canciones en la grafonola que le dejara Medardo cuando le dijo que pronto regresaría.

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