Ens ha sorprès la mort de l’escriptor nord-americà, d’origen cubà, Óscar Hijuelos, a la seva Nova York natal. Se n’ha anat discretament, gairebé amb timidesa, com diuen que era ell, un home tímid i discret, un escriptor amb una poderosa i eficaç ploma, que escriví en les seves novel·les sobre les relacions entre les comunitats cubana i nord-americana, no sempre fàcils, com totes les relacions entre els ciutadans que deixen el seu país, per diversos motius, i s’instal·len en un altre.

Ell va aconseguir el que mai ningú abans havia aconseguit: el premi més prestigiós en llengua anglesa atorgat a un escriptor anglòfon d’origen hispà.

The Mambo Kings Play Songs of Love, Els Reis del Mambo canten cançons d’amor, es va publicar el 1989i va ser traduïda a 25 llengües, per aquesta obra li van atrogat el prestigiós premi. Es va fer una versió cinematogràfica el 1992, protagonitzada per Antonio Banderas y Armand Assante.

Us deixem un paràgraf d’aquesta novel·la:

Un sábado por la tarde en La Salle Street, hace ya muchos años, cuando yo era aún un niño, a eso de las tres la señora Shannon, aquella oronda irlandesa que llevaba siempre el delantal lleno de lamparones de sopa, abrió la ventana de su apartamento que daba a la parte de atrás y gritó con voz estentórea por el patio: «¡Eh, César, eh, que creo que estás saliendo en la televisión, te juro que eres tú!». Cuando oí los primeros acordes de la sintonía del programa  I love Lucy me puse nerviosísimo, porque me di cuenta de que se refería a un acontecimiento marcado por el sello de la eternidad, a aquel episodio en el que mi difunto padre y mi tío César habían aparecido haciendo los papeles de unos cantantes, primos de Ricky Ricardo, que llegaban a Nueva York procedentes de la provincia de Oriente, en Cuba, para actuar en el club nocturno de Ricky, el Tropicana. Todo lo cual no dejaba de ser una trasposición bastante fiel de sus vidas reales: ambos eran músicos, componían canciones y se habían venido de La Habana a Nueva York en 1949, el año en que formaron Los Reyes del Mambo, una orquesta que llenó clubes, salas de baile y teatros por toda la Costa Este, e incluso —lo que constituyó el momento culminante de su carrera musical— hicieron un legendario viaje a San Francisco en un autocar pintado de color rosa pálido para actuar en la sala de baile Sweet, en un programa compuesto exclusivamente por estrellas del mambo, en una hermosa noche de gloria, ajena aún a la muerte, al dolor, a todo silencio.

Des d’on estigui, de ben segur que el seu autor estarà assegut en un tamboret del Tropicana, sentint el preciós bolero La Bella María, que cantava Antonio Banderas amb la seva bonica veu.

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