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Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.» Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.

Al campanar de Santa Maria, s’hi entra per la capella baptismal. Allí, la mística penombra del temple gòtic esdevé tenebrosa. En el frontis, del quadro on Sant Joan Baptista tira aigua amb una petxina sobre la noble testa de Jesús, no es distingeix més que la taca informe de les carns blanques.

PRÓLOGO
El suceso en el cual se fundamenta este relato imaginario ha sido conside-
rado por el doctor Darwin y otros fisiólogos alemanes como no del todo
imposible. En modo alguno quisiera que se suponga que otorgo el mínimo
grado de credibilidad a semejantes fantasías; sin embargo, al tomarlo
como base de una obra fruto de la imaginación, no considero haberme
limitado simplemente a enlazar, unos con otros, una serie de terrores de
índole sobrenatural. El hecho que hace despertar el interés por la historia
está exento de las desventajas de un simple relato de fantasmas o encan-
tamientos. Me vino sugerido por la novedad de las situaciones que desa-
rrolla, y, por muy imposible que parezca como hecho físico, ofrece para la
imaginación, a la hora de analizar las pasiones humanas, un punto de vista
más comprensivo y autorizado que el que puede proporcionar el relato
corriente de acontecimientos reales. Así pues, me he esforzado por mante-
ner la veracidad de los elementales principios de la naturaleza humana, a la
par que no he sentido escrúpulos a la hora de hacer innovaciones en cuanto
a su combinación. La Ilíada, el poema trágico de Grecia; Shakespeare en
La tempestad y El sueño de una noche de verano; y sobre todo Milton en
El paraíso perdido se ajustan a esta regla. Así pues, el más humilde novelista
que intente proporcionar o recibir algún deleite con sus esfuerzos puede,
sin presunción, emplear en su narrativa una licencia, o, mejor dicho, una
regla, de cuya adopción tantas exquisitas combinaciones de sentimientos
humanos han dado como fruto los mejores ejemplos de poesía.

Com que feia un temps preciós i era dissabte, dia que el seu càrrec li permetia descansar, l’Anthime havent dinat va sortir a fer uan volta amb bici. Els seus projectes eren: aprofitar el bon sol del mes d’agost, fer una mica d’exercici i respirar l’aire del camp, sens dubte llegirajagut a l’herba, vist que havia lligat el vehicle, amb un pop, un volum massa gruixut per al portaequipatge de filferro.

No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él.

El verano pasado, durante un período de intenso calor, Jim Burden y yo atravesamos Iowa casualmente en el mismo tren. Somos viejos amigos, crecimos juntos en la misma población de Nebraska, y teníamos mucho de que hablar. Mientras el tren recorría interminables kilómetros de campos de trigo maduro, dejando atrás pueblos, pastos cubiertos de flores vistosas y robledales mustios por el sol, nos sentamos en el vagón panorámico, donde la madera estaba caliente al tacto y una gruesa capa de polvo rojo lo cubría todo. El calor y el polvo, el ardiente viento, nos recordaron muchas cosas. Charlábamos sobre lo que significa pasar la infancia en poblaciones como ésas, enterradas entre trigo y maíz, padeciendo los estimulantes extremos del clima: veranos abrasadores en los que la tierra verde y fecunda yace bajo el cielo fulgente, y uno se ahoga casi en vegetación, en el color y el olor de la densa maleza y las cosechas ubérrimas; inviernos borrascosos con poca nieve, cuando la tierra toda queda pelada y gris como una plancha de hierro. Convinimos en que era preciso haber crecido en una pequeña población de la pradera para saber lo que era aquello. Era una especie de francmasonería, dijimos.

Avui, 18 de desembre de 2015, a la Sala Gòtica de la Biblioteca del Barri Vell, s’ha celebrat l’acte de recepció del fons documental de l’escriptor Tom Sharpe, fons que fa augmentar la llista de fons especials que custodia la Biblioteca de la UdG i que la fa de visita imprescindible per aquells estudiosos o investigadors de certs autors o de certes temàtiques.

Aquest acte m’ha fet pensar en aquells anys de joventut universitària quan llegíem Wilt i rèiem com boges i  bojos, comentant amb els amics les tribulacions d’aquest personatge… Recordo aquest llibre ara que ja m’he fet gran i continuo a la universitat però treballant en ella.

Per cert, podeu trobar molts llibres d’aquest autor en la Biblioteca de la UdG!

Us deixo alguns paràgrafs que he trobat i us animo a llegir-la:

Entretanto, el personal docente estaba como siempre, dividido en facciones. Peter Braintree dirigía a los que creían que Wilt era inocente, a quienes se unió la Nueva Izquierda, en base a que todo el que tuviese conflictos con la policía tenía que tener razón. Major Millfield reaccionó correspondientemente, acaudillando a la Derecha contra Wilt, suponiendo automáticamente que todo aquel al que apoyara la Izquierda no podía tener la razón de su parte…

          -¿El tercer grado? Mi querido amigo. Ha visto usted demasiadas películas antiguas en la tele. La policía no utiliza métodos violentos en este país.

-Han sido bastante brutales con algunos de nuestros estudiantes que han participado en manifestaciones -señaló Braintree.
-Ah, pero los estudiantes son otro asunto completamente distinto, y los estudiantes que van a las manifestaciones reciben lo que se merecen. Una cosa es la provocación política y otro los asesinos domésticos del tipo de su amigo el señor Wilt, que pertenecen a una categoría completamente distinta…